Por Eugenio Cornejo Correa, periodista e hincha de Unión San Felipe
Este domingo muchos lloraron, y lo hicieron por dolor e impotencia. Y es que la derrota sufrida este domingo 4 de octubre, ante Deportes Iquique, provocó una andanada de sensaciones tristes e irreversibles.
Hoy los jugadores del Uní uní, salvo contadas excepciones, dejaron la sensación de que se dejaron ganar. Caminaron en la cancha, se pelearon entre ellos, no salieron a marcar como corresponde, y nos hicieron creer que querían hacer la cama.
A quién? A Luvera? A Delgado? Puede que sea a ambos. El técnico intranquiliza al plantel, trabaja mal, es barato pero sale caro. El dueño ha tratado de revertir este mal ambiente, pero ha terminado insultando a los jugadores y los ha amenazado con quitarles comodidades en la alimentación y en los viajes.
Y los futbolistas cobran en la cancha, como pasa en ligas competitivas y también en el ascenso chileno. Lo de este domingo en el Municipal fue reflejo de eso.
Pero no le hicieron la cama a Luvera -quien está cerca de dejar el cargo- ni a Delgado. Le hicieron la cama al club. Le hicieron la cama a un equipo que cuenta con 70 años de historia, que ha sido campeón de Copa Chile, de Segunda, de Primera B y de Primera. Que jugó Copa Libertadores y Copa Sudamericana.
Unión San Felipe, más allá de quien sea su propietario circunstancial, es uno de los grandes de provincia. Además, está lleno de ídolos: el Mono Gálvez, Bracamonte, Bellomo, Pérez Quijanes, Manteca González, Martel, los Roco, Vildozo, Kike Acuña, y un largo etcétera.
A Unión San Felipe se le respeta. Se puede perder, pero siempre dejando hasta la última gota de sudor en la cancha. Si no, no es el Uní Uní.